25 abril 2026

¿QUÉ ES SER ESCRITOR?

Hace poco que fue mi cumpleaños y me regalaron, entre otras cosas, el Curso de Escritura Creativa, de Brandon Sanderson. No os puedo decir aún si recomendaría su compra hasta que no lo termine, pero en la introducción, el archiconocido autor empieza hablando de por dónde le viene esto de transmitir sus conocimientos, y de lo que significó para él que un profesional se tomara la molestia de compartir una serie de herramientas con aplicación al mundo real, lejos de las teorías que hasta entonces le habían enseñado en la universidad. Un poco de esa máxima de devolver parte de lo que en su día otro nos ha hecho participe. Pero lo llamativo viene cuando habla acerca de las posibilidades que hay de convertirse en alguien que se puede ganar la vida con lo que escribe. Y pone como ejemplo aquellos que hicieron el curso en su promoción, avisando claro, que ese caso no es extrapolable a cada curso que se haga por todo el mundo.

Perdón por los circunloquios pero ya estoy llegando a la almendrilla.

Sanderson acaba esa parte de la introducción, postulando que el hecho de no convertirse en un profesional de la escritura no tiene por qué significar un fracaso. Cito varias frases que ejemplifican esta postura:

"... opino que el mero acto de escribir ya es bueno para cualquiera."

"... si queréis contar vuestras historias, hacedlo. Contadlas del modo que queráis contarlas."

Y hay otra más que me servirá para una reflexión que quiero poner sobre la mesa como broche a este texto, que es:

"... creo que la suerte es un factor muy importante para poder dedicaros a esto a tiempo completo."

Por el momento, olvidad esto último y quedaos con lo anterior. El simple ejercicio de escribir lo que tenemos dentro ya es una recompensa en sí, más allá de que luego acabe publicado o no. Lo sé, lo sé… alguno está pensando ahora mismo que dicho en boca de un tipo que debe estar forrado con todos los libros que ha vendido suena un poco a lema de camiseta: disfruta del camino aunque ese camino no te lleve a monetizar lo que has hecho.

Y aquí es donde creo que hay que poner el foco principal. Sanderson está diciendo que no hay que mortificarse por no conseguir ver tus textos publicados. No te tienes que considerar como un impostor por no poder ganarte la vida siendo escritor. Y en eso es posible que estemos de acuerdo unos cuantos. Al menos eso espero.

Aquí es donde quiero plantear la pregunta que reza como título: ¿Qué es ser escritor?

¿Ganarse la vida con tus historias? ¿Verlas publicadas aunque no sean tu principal fuente de ingresos? ¿O simplemente escribirlas?

Parece que en el universo de Sanderson el hecho de publicar tu obra es casi sinónimo de que te puedas ganar la vida escribiendo. Lo que quiere decir que un escritor que publica es un escritor profesional o camino de serlo.

Pero claro, amigas y amigos, ¿qué pasa si salimos del universo de Sanderson y ponemos la lupa sobre los que escribimos en España? Atendiendo a los datos recogidos en el Libro Blanco del Cómic en España (2024), solo un 21% de los autores encuestados considera el cómic (o alguna actividad relacionada con el cómic) como la única fuente de sus ingresos. Y estamos hablando de autores. Si nos fuéramos a los guionistas (sin contar autores completos que se hacen un Juan Palomo), no hay porcentaje concreto, pero hablando con gente que sabe de lo que habla, se puede decir que sería complejo sacar más de cinco nombres. Cinco personas en todo el territorio que puedan decir que el dinero con que pagan su comida, el alquiler, la ropa, etc. proviene en exclusiva del guion de cómic.

Si nos vamos al Libro Blanco del Escritor (2025) la cosa no pinta mucho mejor, aunque aquí es cierto que no hay que diferenciar a guionistas de otros autores, como sí ocurre en el cómic. En concreto, un 23% de los autores en España se dedica exclusivamente a la literatura.

Un 21% y un 23%. Ocho de cada diez no se pueden dedicar en exclusiva a ser autores de cómic o ser escritores. En el caso de los guionistas de cómic la probabilidad se reduce aún más, como hemos visto. ¿Quiere decir eso que los que caemos en el 79% o el 77% no podemos considerarnos a nosotros mismos como escritores? Claro que podemos. De hecho debemos hacerlo si así lo sentimos. Es obvio que en una de esas reuniones sociales a las que procuro no ir, si me presentan a un desconocido y me pregunta a qué me dedico, no le voy a poder decir «soy guionista/escritor«. Pero si la conversación se alarga por lo que sea, lo mismo le acabo diciendo que escribo.

Ojo. Como todo en la vida, hay que ponerle a esto un poco (solo una micra) de sentido común.

Imaginad que estoy en otra reunión social (muchas son ya) y que me presentan a otro desconocido. Aunque en el transcurso de una hipotética conversación le acabe diciendo que de vez en cuando juego al baloncesto, no por ello me voy a creer que soy jugador de baloncesto. ¿Veis por donde voy? Lo digo mayormente porque esto no suene a uno de esos discursos que abundan hoy día sobre ser la mejor versión de uno mismo y solo con pensarlo o desearlo mucho se convierte en realidad. Nada que ver, por favor.

No hay un criterio estándar que sirva de criba para considerar a uno como escritor. Pero tampoco la hay para el ejemplo del jugador de baloncesto y yo no me siento como Sergio Llull, aunque juegue alguna pachanga.

¿Hay entonces una respuesta universal a la pregunta de qué es ser escritor?

Entiendo que más allá de la literalidad que nos arroja la definición de la RAE, no. Al menos, yo no me atrevo a dar ninguna aquí, pero estaré encantado si alguien me da una.

Antes de correr el riesgo de enrocarme en esta cuestión, quiero volver a eso de la suerte como un factor muy importante para dedicarse a ser escritor. Ya he admitido que no he terminado el libro de Sanderson, con lo que no tengo ni idea de si al final desarrolla a qué se refiere exactamente con esto. No sé si es suerte en cuanto a tener el apoyo por parte de tus seres queridos, sobre todo de la persona con la que convives. No sé si es suerte en cuanto a poder seguir contando las aventuras de los mismos personajes durante la nada desdeñable cantidad de 12 años. No sé si es suerte en cuanto a haber trabajado con autores (algunos ya consagrados) que no me han puesto ni una pega (salvo un par de idiotas) a la hora de colaborar. No sé si es suerte en cuanto a haber acabado haciendo piña con otros escritores que se han acabado convirtiendo en mucho más que colegas.

Si Sanderson se refiere a otra cosa que no sea esto, entonces no he sido afortunado en ese sentido.

12 abril 2026

EL LIBRO ENDEMONIADO

Cualquiera que haya permanecido en esto de escribir historias más de dos ratos sueltos estará de acuerdo conmigo en que si hay algo que es complicado de cojones, es hacer una historia que te saque una risa. La comedia, al menos en el cómic, es uno de los géneros en los que hay que afinar muy mucho para conseguir tu objetivo. No solo entretener, que ya de por sí no es sencillo, sino divertir hasta el punto de que una risotada escape del lector. Pues bien, Fernando Llor y Alicia GM consiguen que cada secuencia acabe riendo como un niño chico al escuchar que alguien se ha tirado un pedo. Y es que El libro endemoniado, si tiene algo, es que es endemoniadamente divertido. Ah, y que lo pueden leer grandes y pequeños, otro logro que no está al alcance de muchos cómics.

Uno de los tipos de comedia que más gracia me hacen es cuando se trastoca el lenguaje y o las situaciones propias y acordes con una determinada época histórica, normalmente de antaño. Por citar ejemplos que seguro os suenan (y si no, deberían), o incluso que las habéis podido disfrutar: El ejército de las tinieblas; Los visitantes no nacieron ayer (aquí funcionando a la inversa); y como no, La vida de Brian. El libro endemoniado juega a esto y Fernando sale airoso de semejante desafío. Insisto: el que piense que es sencillo sacar risas de una historia, que empiece con un chiste de producción propia y luego me cuente.

La construcción de los personajes protagonistas juega un papel importante para que este tipo de proyectos llegue al puerto deseado. Tenemos a Gregor, un caballero con menos cerebro que un oriundo de los platós de Telecinco (y un poco Ash Williams); a Lenore, una joven aprendiz de hechicera con un notable complejo de inseguridad; y a Viv, una exploradora con un espíritu más positivo que la fábrica de Mr. Wonderful y frases acordes a ello. Este trío, que bien podría ser el character select de un arcade de los noventa, se las ha de ver contra Baelor, un vizconde del infierno con ganas de juerga y juego a todas horas. Por supuesto, los rasgos que los caracterizan a cada uno, servirán de punchline para rematar las situaciones cómicoabsurdas que riegan su aventura. En este punto, no puedo dejar de recomendar que le deis el tiempo que merece a la parte final del tomo (por cierto, estupenda edición de Astronave). En esas últimas páginas se sitúan los extras, donde, entre chanza y chanza, Alicia muestra la evolución en cuanto al diseño de todos estos personajes y los secundarios.

Y es que, si Fernando hace una labor colosal escribiendo esta comedia de aventuras/aventura cómica, Alicia hace las funciones de uno de esos duendes que convoca Lenore de vez en cuando, llevando a la práctica todas las ideas geniales (y alguna más) que hay en el guion de Fernando. La portada que se casca la ilustradora granadina ya es un reclamo importante para sobresalir en una balda plagada de novedades. Y es también una tarjeta de presentación en tanto en cuanto el uso que hace de su paleta de colores. Y eso es algo que suma más mil al encanto que tiene de por sí El libro endemoniado.

Os dejo con la sinopsis con que se promocionó su lanzamiento que pone bien a las claras el corte de la historia:

Mientras que en todos los reinos vecinos apenas pueden combatir la pobreza, las catástrofes mágicas y las criaturas mitológicas, en Viterland todo es prosperidad, alegría y fiestas. Lo que no sabe el pueblo es que tanta felicidad es fruto del Baelorit Grimorium, un libro maldito que encierra en su interior a un demonio y que concede todos los deseos deseos del monarca regente Aunque el límite de esos deseos es mil y, cuando se haga la última petición, el demonio escapará y probablemente querrá vengarse por los años encerrado. La situación es crítica, así que la reina usa su penúltimo deseo para averiguar cómo seguir utilizando el grimorio y que este conceda otros mil deseos más. La respuesta supone un desafío para el cual sólo unos pocos están preparados, así que la misión es clara: mandar a Gregor (el soldado más valiente e insensato del reino), a Lenore (la hija del hechicero de la corte, buena en magia cuando recuerda los hechizos) y a Viv (la exploradora más optimista y enérgica de Viterland) a reiniciar el contador del grimorio. Si lo consiguen será un milagro.

Y aquí os dejo el link a la ficha de la obra en la web de Astronave, por si os da la picada, aunque os recomiendo que si os enamora (como no podría ser de otra forma), se lo encarguéis a vuestro librero amigo.