Al final el proyecto que iba a ver la luz a finales de año no saldrá adelante. El pasado lunes el dibujante con el que estaba trabajando, Carlos Jiménez, me mandó un correo para decirme que de momento no iba a continuar dibujando Vecinos por falta de motivación. Respetando su punto de vista y con todo el dolor de mi corazón, se lo comenté a la gente de Sugoi Ediciones, que de hecho ya tenían en su poder los contratos firmados por todas las partes.
Los que estén un poco al tanto de mi situación desde hace ya un par de años, entenderán que esto es ya la gota que colma un vaso de por sí colmado. Si ya es difícil en este país que una editorial confíe en proyectos que no sean de autores consagrados o con cierto renombre, el haber conseguido una pequeña victoria después de mucho tiempo peleando para que ahora todo se vaya por el desagüe, es como encajar una hostia por parte del Tyson de los 80. Me ha llegado a pasar por la cabeza la idea de tirar la toalla definitivamente y dedicarme a otros menesteres, pero la verdad es que escribir es algo que no creo que pueda aparcar jamás al nivel que sea.
A ver si es cierto eso de que cuando una puerta se cierra hay otra que se abre, porque estoy preparando una sinopsis para un proyecto que precisamente Sugoi quiere sacar adelante. A fuerza de jugar tiene que cambiar la suerte en mi favor digo yo.

