17 marzo 2026

FLANNAN


Ya os recomendé Flannan en su día aquí. Y le prometí a Penny Melgarejo, su autor, que más temprano que tarde caería reseña. Pues han pasado unos cuatro meses. Ni tan mal. Partiendo de un hecho histórico acaecido en 1900 al que se hace referencia en un jugoso epílogo, Penny monta una novela corta con todas las características del Horror Cósmico, si bien lo salpica (nunca mejor dicho) con descripciones propias del Body Horror digno del mejor Cronenberg.

Arrancando con un inicio epistolar donde el protagonista, David McCloskey, sintiendo que su fin se acerca, quiere dejar constancia de lo ocurrido para que lo lea quien pueda encontrarlo. La trama tiene los ingredientes para ser canon dentro del subgénero. Pero todos sabemos que no basta con mezclar ingredientes como si hiciéramos una receta de cocina, para poder cocinar igual que lo hace Arguiñano. De hecho, esto es algo que se debería explicar hoy día a todos los que abogan por el uso indiscriminado de la Inteligencia Artificial. Hay que saber qué elementos queremos usar, pero casi más importante que eso, tener el don de saber cómo usarlos y las tripas para alejarse lo suficiente del material en que se inspira. Todo esto lo tiene Penny, y con Flannan no hace sino corroborarlo.

Un grupo de hombres comunes, trabajadores haciendo una dura labor que solo se puede hacer por necesidad, como se subraya al comienzo. No hay héroes supervitaminados ni salvapatrias con discursos grandilocuentes. Y de repente, el aislamiento como elemento sofocante y el terror a lo incomprensible. ¿Os quiere sonar en parte al argumento de, para mí, la mejor película de terror de la historia? Pues eso.

El desarrollo se bebe de tres largos tragos, a trago por personaje, manteniendo el ritmo y la expectación por saber lo que les va a deparar a los tres fareros. Aunque como digo, el amante/seguidor del horror cósmico tiene ese sentimiento encontrado de temer por el destino de unos hombres/mujeres que bien podrían ser amigos o familiares, pero por otro lado está la consciencia de que la fatalidad se ha de cernir sobre ellos/nosotros.

No quiero seguir desgranando más, no por falta de ganas o agotamiento de los elogios. Es que la idea de un libro como este, de una novela corta como reza la estupenda portada, es disfrutar de ella sin que te la hayan diseccionado antes al milímetro.

Hasta ahí las buenas noticias. La única mala es que si queréis haceros con un ejemplar tenéis que escribir a Penny (por aquí en un MD por ejemplo) para pedirle que haga una nueva reimpresión, porque los ejemplares que lanzó se agotaron más rápido que lo que tardaba Usain Bolt en hacerse los cien metros lisos.

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