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28 febrero 2020

LA CESTA DEL MES #61


La cesta del mes de febrero llega con más prisa que otra cosa. Es el sino de los tiempos que corren y que están por venir. Mientras haya posibilidad espero poder mantener viva la sección, al menos como único sustento de esta longeva bitácora que es ESDCO.

Hilda y el rey de la montaña, de Luke Pearson. Cartoné. 80 páginas. Color. 18 €. Hilda y el rey de la montaña es la sexta y última aventura de la serie creada por Luke Pearson. Esta nueva aventura comparte la intensidad, el ingenio y la magia de los libros anteriores. Después de verse transportadas en el mundo de los trols, Hilda y su madre vuelven a casa gracias a la ayuda de Tontu. A la mañana siguiente, la madre se sorprende al ver que en lugar de Hilda hay una niña de aspecto extraño, pero familiar… Al mismo tiempo, en una cueva en lo más profundo de una montaña, se despierta una diminuta niña trol de pelo azul… Pero ¿cómo ha llegado Hilda hasta allí? ¿Podrá regresar a Trolberg? ¿Conseguirá evitar el enfrentamiento entre humanos y trols? Ya he recomendado en cestas anteriores los tomos de Hilda, de la que soy un enamorado en su versión animada de Netflix y de ahí, a estos tomos editados por Barbara Fiore.

Hasta el último, de Jerôme Félix y Paul Gastine. Cartoné. 128 páginas. Color. 25 €. La época de los cowboys llega a su fin, ya que muy pronto serán los trenes los que transportarán el ganado hasta los mataderos de Chicago. Russell, un tipo duro que ve cómo su modo de vida está a punto de desaparecer, debe ocuparse de criar a Bennett, un huérfano de pocas luces al que cuida desde que sus padres murieron, y tomar una decisión: convertirse en granjero o ser el último vaquero que recorra los grandes desiertos del Oeste. Si me conocéis sabréis de mi pasión por el western, en todas sus vertientes. Y no es corriente que suela haber lanzamientos que caigan en este género, con lo cual, para los pocos que hay me vais a permitir incluirlos en este subjetiva lista de recomendaciones.

El Humano, de Diego Agrimbau y Lucas Varela. Rústica. 148 páginas. Color. 19,50 €. La unidad Alpha, androide sin credenciales, despierta en un lugar inhóspito y desconoce cuál puede ser su cometido allí. El archivo que contendría su misión parece dañado, y aunque en su conciencia alberga la certeza de todo el vocabulario, no siempre resulta fácil combinar las palabras de manera que expliquen el mundo. Alpha ignora que es especial. No sabe que posee características que la distinguen del resto de individuos de su especie. Alpha tampoco recuerda que forma parte de la misión Phénix, un equipo especializado que lleva más de medio millón de años orbitando alrededor de la Tierra. Medio millón de años. Tiempo más que suficiente para sanear el planeta. Ahora ha llegado el momento de reiniciar la humanidad. El guionista argentino, Diego Agrimbau es protagonista este mes por partida doble, pero si tengo que elegir me quedo con esta obra en la que la labor gráfica lo asocia con el excelente Lucas Varela, autor de otras obras muy recomendables como La herencia del coronel y la más reciente El día más largo del futuro donde hacia de autor completo.

Paper Girls #26, de Brian K. Vaughan, Cliff Chiang y Matt Wilson. Grapa. 32 páginas. Color. 2,5 €. ¡La cuenta atrás para el final de la serie empieza aquí! Tras sobrevivir a sus aventuras en el pasado, el presente y el futuro, las Paper Girls de 1988 se embarcan en un último viaje. Una serie que encamina su etapa final y que merece aparecer por aquí como homenaje al buen hacer de sus autores y lo divertido de su argumento. Para disfrutar en cualquiera de los formatos, sea en estas grapas o en los recopilatorios que han ido saliendo con el tiempo.

Total: 65 €, que es algo más de lo que nos hubiéramos gastado en enero, pero sigue entrando dentro del margen de los setenta mortadelos.

Alternativa:

Cemetery Beach - La Playa Cementerio, de Warren Ellis y Jason Howard. Cartoné. 160 páginas. Color. 20 €. El especialista en misiones de reconocimiento Mike Blackburn escapa de una prisión donde le iban a torturar llevándose con él a la joven disidente Grace Moody, dando así comienzo el peor día de su vida. Ya sabéis de mi debilidad por el trabajo de Ellis, y aquí vuelve a colaborar con Howard después de la recomendable Trees. Una historia que casi comienza a lo Brubaker (la película, no el guionista) y continúa con un argumento que puede sonar a trillado pero que en manos del escritor británico puede dar mucho de sí.

15 febrero 2017

DESIERTO DE METAL


Tras Buckson en octubre del año pasado, llega la nueva reseña de uno de los últimos lanzamientos de Grafito Editorial. Se trata de Desierto de Metal, con guion de Diego Agrimbau y dibujo de Fernando Baldó, y que se edita en España tras haber sido la ganadora del Concurso "Dibujando Entre Culturas" en 2011, y haber gozado de ediciones en Argentina e Italia. Los autores bonaerenses presentan una historia que es mucho más de lo que su portada podría anunciar. Como viene siendo la tónica habitual de estas reseñas, voy a intentar contar todo lo que pueda sin entrar en los tan temidos spoiler, para no destripar la jugosa miga.

El contexto bajo el que se cuenta los hechos acaecidos en Desierto de Metal, es el de un mundo en el que la Alemania nazi está doblegando al ejército aliado durante la Segunda Guerra Mundial y conquistando territorios. Una ucronía que retuerce los hechos históricos en beneficio del relato. A diferencia de lo sucedido en su día, aquí los ejercitos alemanes se topan con un escollo en África. Cambiamos la nieve de la estepa rusa por las arenas de los desiertos africanos. En ellas se mueve la ciudad de Axedra, una suerte de  Alejandría en el sentido que parece un crisol de culturas conviviendo bajo un mismo territorio. La peculiaridad de Axedra, o al menos la primera que se aprecia, es que es una ciudad que cambia de localización mediante unas patas mecánicas dignas del Dr. Loveless, que hacen que vaya moviéndose a lo largo del tiempo por el desierto, evitando así que sus enemigos puedan lanzar un ataque sabiendo donde encontrarla.


Pero hete aquí que los que acaban entrando en ella son dos miembros del Afrika Korps. Mientras intentan desertar, Onur y Helmut se acaban topando con un elefante mecánico y tres misteriosos personajes: Olegario, Sulmi e Inma. Los cinco van a ser los que lleven el peso de lo que suceda a posteriori. La peculiaridad de los dos primeros es que son autómatas. Y es que Axedra es tan multicultural, que conviven tanto personas de diferentes culturas y religiones (musulmanes, católicos y judios) como los propios seres humanos con los autómatas. De hecho, estos son los que parecen tener el papel administrativo y de gobierno en Axedra, dado que los hombres los han creado precisamente para ciertas tareas de responsabilidad que les liberen de la toma de decisiones peliagudas. Entre los autómatas destacan Sulmi, que hace las veces de cronista y narrador de la historia, Cripto, que es el que acaba dirigiendo el destino de Axedra por delegación, y Olegario.

A pesar de que hablamos de una ucronía, no dejo de captar retazos de rabiosa actualidad pese a que hablamos de una obra que tiene algunos años ya: el avance del nacionalismo populista no solo en Europa, sino en el mundo entero (ahí tenemos a Trump iniciando su andadura como Presidente de los EE.UU), en contraposición con la mezcolanza de razas; las trabas que se pone ante el ascenso de las mujeres a los puestos de mando; el mal uso por parte de los seres humanos de los descubrimientos y los avances de la ciencia. En fin, son temas universales que trufan el guion de Agrimbau y enriquecen la lectura, si es que se quiere ir más allá. Otro de los temas que aparecen como elemento principal es el del tiempo como algo cíclico. Los errores que estamos destinados a repetir con el paso de los siglos, se convierten en una nueva oportunidad para comenzar de cero y salvarlos llegado el momento.


Para terminar, destacar el consabido cuidado con que presentan sus ediciones los chicos de Grafito. Nos encontramos aquí con el habitual tomo de más de 100 páginas, encuadernado en rústica con solapas, y acompañado en esta ocasión de una lámina ilustrada por Fernando Baldó. Desierto de Metal es la primera obra editada por el sello valenciano que va íntegramente en blanco y negro, pero en los extras podemos ver cómo Baldó trabaja los fondos dándoles diferentes grados de opacidad para generar la profundidad buscada, o para darle más importancia a determinados personajes. En esos mismos extras, Agrimbau narra el viaje a Melilla que dio origen al posterior guion de esta obra, así como el método de trabajo con su compañero y alguna muestra del guion. En resumen, Desierto de Metal es como un regalo que al abrir el envoltorio te sorprende porque contiene mucho más de lo que te esperas, y y lo que hay está hecho con profesionalidad y buen hacer. ¿Se le podía haber pedido algo más? Puede, aunque no mucho. ¿Os va a defraudar? Para nada.