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24 mayo 2026

COLEGA, ¿DÓNDE ESTÁ MI KIMONO? (I)

No es que tenga intención de hacer de cuando en cuando monográficos sobre el deporte en el mundo del cómic, pero la verdad es que las artes marciales es algo muy ligado a algunas de las obras con las que he crecido, con lo cual, me apetecía dedicarle un espacio por aquí. Siento si alguno no comparte el interés, pero intentaremos dar con la tecla… el próximo investigaré sobre curling. Eso sí, por no repetir también el formato de mi debut en Escribiendo Cómics (¿cómo? ¿No lo llegaste a leer? pues clica aquí), en esta ocasión no voy a diferenciar entre mercados ni cronologías, sino que va a ser un popurrí en el que soy un pasajero del contenido, y no tanto un conductor. Ah, y esta es la primera de dos entregas, así que atentos al mes que viene para completar el repaso.

En lo personal, lo primero que recuerdo yo como lector de cómics relacionados con las artes marciales, fueron los viejos cuadernillos protagonizados por Shang-Chi que editaba Vértice allá por finales de los setenta bajo la cabecera Relatos Salvajes. No es que yo los leyera con un par de años de existencia. Es que mi tío los compró en su día y cuando tuve algunos años más (tampoco muchos) y me picó el gusanillo de los tebeos, los leía con tremenda adicción cada vez que iba a casa de mi abuela (que allí se quedaron). La edición de Vértice era heredera directa de Deadly Hands Of Kung Fu. Es interesante conocer por qué algunas de las historias de Shang-Chi y de otro puñado de personajes relacionados con el mundo de las artes marciales, no salían publicadas en formato comic-book habitual de otros personajes, sino dentro de dicha revista, editada por Curtis Magazines, que era un sello asociado de la Marvel. El motivo era bien simple: esquivar la famosa censura del Comics Code. Si no salía en formato cómic, sino dentro de una revista, podía contener material con algo más de violencia y erotismo. Tampoco es que se soltaran la melena, pero era abrir la mano a historias donde las artes marciales tenían cabida perfectamente. Si tenemos en cuenta que a principios de los setenta, la figura de Bruce Lee era casi icónica ya tras los pelotazos de Kárate a muerte en Bangkok, Furia Oriental o El furor del dragón, y que además David Carradine interpretaba a Kwai Chang Caine en la famosa serie de televisión Kung Fu, la lógica dictaba que el cómic de artes marciales fuera un nicho de mercado por explotar.

Ambas referencias están muy ligadas al origen de Shang-Chi como personaje «reclutado» por Marvel. Sus creadores fueron el guionista Steve Englehart (mente pensante tras el notable arco Imperio Secreto, inspirado por el Watergate) y Jim Starlin (una institución en el mercado estadounidense) en labores gráficas. Pero no lo crearon tal cual de primeras, sino que acabaron de rebote en las oficinas de Marvel, tras haber sido rechazados por DC cuando presentaron una adaptación de la serie Kung Fu. Roy Thomas (ligado a la figura de Conan por los siglos de los siglos) fue el que les compró la idea… de aquella manera. Le interesó la temática de las artes marciales pero no quería hacer una adaptación de Kung Fu, entre otras cosas porque eso supondría una posible compra de derechos a la Warner. La contraoferta que Thomas hizo a Englehart y Starlin fue la de crear una historia en la que se incluyera a Fu Manchú, el villano creado por el escritor Sax Rohmer, de quien Marvel había comprado los derechos entonces. Ah, eso y que el protagonista fuera mestizo, mitad chino y mitad blanco. Vamos, que les dijo que le gustaba lo de las artes marciales, pero que el resto lo cambiaran. Englehart se las apañó para justificar la presencia del supervillano chino, haciendo que fuera el padre de Shang-Chi en sus orígenes. Luego, la historia daría vueltas a tramas y nombres debido a la perdida de los derechos del personaje, pero el parentesco entre ambos permanecería incluso hasta la horrorosa adaptación al cine muy reciente. Si hay que rescatar una etapa brillante dentro del ya largo recorrido de Shang-Chi, seguramente 9 de cada 10 dirían la que se cascaron el dúo Moench-Gulacy. El otro, que sería yo, pondría el trabajo de Gene Day por encima aunque alguno se tire de los pelos.

Quizá en vuestra cabeza ronda la pregunta ¿y por qué no hicieron cómics de Bruce Lee directamente en vez de sacarse un sosia de la manga? Pues en verdad sí que intentaron sacar historias con Bruce Lee como protagonista, pero si con el tema de Fu Manchú hubo movimientos de un lado a otro por tema de derechos, imaginad lo que supondría en aquella época llevar adelante una cabecera con uno de los personajes más relevantes del siglo XX. Precisamente en The Deadly Hands of Kung Fu se incluyó un especial de 35 páginas ya con él fallecido. Posteriormente, hubo un intento por parte del célebre Milton Caniff (Terry y los piratas, Steve Canyon…) de hacer una tira cómica para Los Angeles Times Syndicate. Solo hizo una junto a Noel Sickles, pero cuando empezaron a sugerirle cambios, Caniff dijo que adiós muy buenas. Eso no frenó la idea de la tira cómica por parte de Los Angeles Times Syndicate, que cinco años más tarde (1982) publicaría The Legend of Bruce Lee, escrita por Sharman DiVono y dibujada por Fran Matera. Editoriales como Warrior Publications en los ochenta, Malibu Comics en los noventa (un horror de miniserie con Mike Baron y Val Mayerik) y más recientemente Magnetic Press, contando con la aprobación y participación de la hija de Bruce, Shannon Lee, han ido intentando sacar diferentes historias con dudoso éxito comercial. Pero antes de pasar al siguiente hito, os recomiendo echar un vistazo a este post de hace más de veinte años publicado en ADLO, donde se cuenta con la sorna habitual, cómo en España se dio el caso de que una editorial catalana llamada Vilmar, allá por los ochenta, tuvo los huevazos (¿derechos? ¿qué derechos?) de cascarse lo menos 40 grapas dedicadas a la figura de Bruce Lee, con situaciones tan surrealistas como las que cuentan los de ADLO. ¿De aquellos polvos, estos lodos? No vamos a entrar en ese lodazal, porque entonces necesitaríamos una retroexcavadora.

La tercera pata de este banco (de tres patas) sería Puño de Hierro, o para los que hayan llegado al personaje con sus recientes adaptaciones, Iron Fist. Se ve que Roy Thomas le vio salida al tema de las artes marciales y después de redirigir la propuesta de Englehart y Starlin, cogió un batiburrillo de referencias para idear a Danny Rand, un chico de familia acaudalada al que su padre lleva de excursión a la ciudad perdida de K’un-L’un (cosas de ricos) solo para palmarla junto a su esposa. El chaval es recogido por los habitantes de K’un-L’un y allí aprende Kung Fu y Wing Chun (creado por la sacerdotisa Ng Mui) de la mano de Lei-Kung el Tronador (¿por qué?). Corte a la mayoría de edad en la que se enfrenta al reto de pelear contra Shou-Lao el Inmortal (que no será tan inmortal cuando acaban con él cada vez que surge un nuevo Puño de Hierro). Y de ahí surge su poder como uno de los portadores del poder que le permite concentrar su chi en el puño y romper paredes de acero como si fueran decorados de cartón piedra. Hay que decir que lo mejor que tenía el personaje es el diseño de Gil Kane, con ese uniforme y capucha verdeamarela, como si fuera a jugar con Pelé, Jairzinho, Rivelino o Tostão. No obstante, cuando Puño de Hierro agarra verdaderamente es cuando llegan Chris Claremont y John Byrne. Ambos comenzando en el negocio. Y ambos con ideas y hambre como para hacer que la colección de Iron Fist tuviera más repercusión que la cabecera protagonizada por Shang-Chi. Después de aquella etapa me quedaría con las interpretaciones que hicieron como no, Brubaker, Fraction y David Aja en El Inmortal Puño de Hierro, y una que me gustó no hace tanto (para el tiempo que llevo sin comprar un cómic de SHs) es la que hicieron David Walker y un tremendo Sanford Greene al dibujo.

Antes de dejar un punto y aparte… pero esperad, mis poderes mentales me dicen qué estaréis pensando a estas alturas: «¿pero qué tipo de repaso es este que no menta a ningún manga ni cosas hechas aquí en nuestro país (las hay, las hay)?» Tranquilidad, queridas y queridos, porque en un mes volveré con la segunda entrega de este Colega, ¿dónde está mi kimono? para completar todo eso que estáis echando a faltar y quizá, solo quizá, alguna cosa que ni se os pasa por la cabeza.

Como decía, antes de dejar un punto y aparte hasta junio, no puedo olvidarme de dos curiosidades en el combo cómics y artes marciales. La primera es que antes que Daniel LaRusso ganará injustamente el combate por el título con la técnica de la grulla, había un Karate Kid en el universo DC: Val Armorr, un miembro de la Legión de Superhéroes, que apareció por primera vez en Adventure Comics #346. Su creador fue Jim Shooter, a la postre mítico editor. Os soy sincero, no tengo ni idea y creo no haber leído nada donde salga este personaje, pero en los créditos de Karate Kid (la película) se puede ver que los derechos del nombre pertenecen a DC Comics. La segunda es que Chuck Norris tuvo su propia serie de cómics en los 80 de la mano de Star Comics (sello infantil de la Marvel), titulada Chuck Norris: Karate Kommando, y como no hace tanto de su fallecimiento me parecía oportuno al menos que apareciera aquí.

25 abril 2026

¿QUÉ ES SER ESCRITOR?

Hace poco que fue mi cumpleaños y me regalaron, entre otras cosas, el Curso de Escritura Creativa, de Brandon Sanderson. No os puedo decir aún si recomendaría su compra hasta que no lo termine, pero en la introducción, el archiconocido autor empieza hablando de por dónde le viene esto de transmitir sus conocimientos, y de lo que significó para él que un profesional se tomara la molestia de compartir una serie de herramientas con aplicación al mundo real, lejos de las teorías que hasta entonces le habían enseñado en la universidad. Un poco de esa máxima de devolver parte de lo que en su día otro nos ha hecho participe. Pero lo llamativo viene cuando habla acerca de las posibilidades que hay de convertirse en alguien que se puede ganar la vida con lo que escribe. Y pone como ejemplo aquellos que hicieron el curso en su promoción, avisando claro, que ese caso no es extrapolable a cada curso que se haga por todo el mundo.

Perdón por los circunloquios pero ya estoy llegando a la almendrilla.

Sanderson acaba esa parte de la introducción, postulando que el hecho de no convertirse en un profesional de la escritura no tiene por qué significar un fracaso. Cito varias frases que ejemplifican esta postura:

"... opino que el mero acto de escribir ya es bueno para cualquiera."

"... si queréis contar vuestras historias, hacedlo. Contadlas del modo que queráis contarlas."

Y hay otra más que me servirá para una reflexión que quiero poner sobre la mesa como broche a este texto, que es:

"... creo que la suerte es un factor muy importante para poder dedicaros a esto a tiempo completo."

Por el momento, olvidad esto último y quedaos con lo anterior. El simple ejercicio de escribir lo que tenemos dentro ya es una recompensa en sí, más allá de que luego acabe publicado o no. Lo sé, lo sé… alguno está pensando ahora mismo que dicho en boca de un tipo que debe estar forrado con todos los libros que ha vendido suena un poco a lema de camiseta: disfruta del camino aunque ese camino no te lleve a monetizar lo que has hecho.

Y aquí es donde creo que hay que poner el foco principal. Sanderson está diciendo que no hay que mortificarse por no conseguir ver tus textos publicados. No te tienes que considerar como un impostor por no poder ganarte la vida siendo escritor. Y en eso es posible que estemos de acuerdo unos cuantos. Al menos eso espero.

Aquí es donde quiero plantear la pregunta que reza como título: ¿Qué es ser escritor?

¿Ganarse la vida con tus historias? ¿Verlas publicadas aunque no sean tu principal fuente de ingresos? ¿O simplemente escribirlas?

Parece que en el universo de Sanderson el hecho de publicar tu obra es casi sinónimo de que te puedas ganar la vida escribiendo. Lo que quiere decir que un escritor que publica es un escritor profesional o camino de serlo.

Pero claro, amigas y amigos, ¿qué pasa si salimos del universo de Sanderson y ponemos la lupa sobre los que escribimos en España? Atendiendo a los datos recogidos en el Libro Blanco del Cómic en España (2024), solo un 21% de los autores encuestados considera el cómic (o alguna actividad relacionada con el cómic) como la única fuente de sus ingresos. Y estamos hablando de autores. Si nos fuéramos a los guionistas (sin contar autores completos que se hacen un Juan Palomo), no hay porcentaje concreto, pero hablando con gente que sabe de lo que habla, se puede decir que sería complejo sacar más de cinco nombres. Cinco personas en todo el territorio que puedan decir que el dinero con que pagan su comida, el alquiler, la ropa, etc. proviene en exclusiva del guion de cómic.

Si nos vamos al Libro Blanco del Escritor (2025) la cosa no pinta mucho mejor, aunque aquí es cierto que no hay que diferenciar a guionistas de otros autores, como sí ocurre en el cómic. En concreto, un 23% de los autores en España se dedica exclusivamente a la literatura.

Un 21% y un 23%. Ocho de cada diez no se pueden dedicar en exclusiva a ser autores de cómic o ser escritores. En el caso de los guionistas de cómic la probabilidad se reduce aún más, como hemos visto. ¿Quiere decir eso que los que caemos en el 79% o el 77% no podemos considerarnos a nosotros mismos como escritores? Claro que podemos. De hecho debemos hacerlo si así lo sentimos. Es obvio que en una de esas reuniones sociales a las que procuro no ir, si me presentan a un desconocido y me pregunta a qué me dedico, no le voy a poder decir «soy guionista/escritor«. Pero si la conversación se alarga por lo que sea, lo mismo le acabo diciendo que escribo.

Ojo. Como todo en la vida, hay que ponerle a esto un poco (solo una micra) de sentido común.

Imaginad que estoy en otra reunión social (muchas son ya) y que me presentan a otro desconocido. Aunque en el transcurso de una hipotética conversación le acabe diciendo que de vez en cuando juego al baloncesto, no por ello me voy a creer que soy jugador de baloncesto. ¿Veis por donde voy? Lo digo mayormente porque esto no suene a uno de esos discursos que abundan hoy día sobre ser la mejor versión de uno mismo y solo con pensarlo o desearlo mucho se convierte en realidad. Nada que ver, por favor.

No hay un criterio estándar que sirva de criba para considerar a uno como escritor. Pero tampoco la hay para el ejemplo del jugador de baloncesto y yo no me siento como Sergio Llull, aunque juegue alguna pachanga.

¿Hay entonces una respuesta universal a la pregunta de qué es ser escritor?

Entiendo que más allá de la literalidad que nos arroja la definición de la RAE, no. Al menos, yo no me atrevo a dar ninguna aquí, pero estaré encantado si alguien me da una.

Antes de correr el riesgo de enrocarme en esta cuestión, quiero volver a eso de la suerte como un factor muy importante para dedicarse a ser escritor. Ya he admitido que no he terminado el libro de Sanderson, con lo que no tengo ni idea de si al final desarrolla a qué se refiere exactamente con esto. No sé si es suerte en cuanto a tener el apoyo por parte de tus seres queridos, sobre todo de la persona con la que convives. No sé si es suerte en cuanto a poder seguir contando las aventuras de los mismos personajes durante la nada desdeñable cantidad de 12 años. No sé si es suerte en cuanto a haber trabajado con autores (algunos ya consagrados) que no me han puesto ni una pega (salvo un par de idiotas) a la hora de colaborar. No sé si es suerte en cuanto a haber acabado haciendo piña con otros escritores que se han acabado convirtiendo en mucho más que colegas.

Si Sanderson se refiere a otra cosa que no sea esto, entonces no he sido afortunado en ese sentido.

05 mayo 2012

UN ARTÍCULO EN COMIC STORES


Hace unas pocas semanas vi un enlace en el que la Confederación, que es como se llama la tienda Comic Stores de Málaga, buscaba gente que redactara artículos relacionados con el cómic, el manga, las miniaturas, los juegos de tablero, cartas o el merchandising, para seleccionar los mejores y publicarlos en su web. Como recompensa, aquellos que vieran sus artículos publicados, obtendrían una tarjeta regalo de 10 euros para gastar en la tienda que hay en el Paseo de los Tilos 30. Pues bien, el primero que han publicado justamente hoy es de un servidor y con ello mi derecho a recoger la tarjeta regalo, que la verdad es que me viene bastante bien este mes. Si queréis leer el artículo al completo, hay que pinchar en este enlace y acudir a la entrada original.