15 febrero 2017

DESIERTO DE METAL


Tras Buckson en octubre del año pasado, llega la nueva reseña de uno de los últimos lanzamientos de Grafito Editorial. Se trata de Desierto de Metal, con guion de Diego Agrimbau y dibujo de Fernando Baldó, y que se edita en España tras haber sido la ganadora del Concurso "Dibujando Entre Culturas" en 2011, y haber gozado de ediciones en Argentina e Italia. Los autores bonaerenses presentan una historia que es mucho más de lo que su portada podría anunciar. Como viene siendo la tónica habitual de estas reseñas, voy a intentar contar todo lo que pueda sin entrar en los tan temidos spoiler, para no destripar la jugosa miga.

El contexto bajo el que se cuenta los hechos acaecidos en Desierto de Metal, es el de un mundo en el que la Alemania nazi está doblegando al ejército aliado durante la Segunda Guerra Mundial y conquistando territorios. Una ucronía que retuerce los hechos históricos en beneficio del relato. A diferencia de lo sucedido en su día, aquí los ejercitos alemanes se topan con un escollo en África. Cambiamos la nieve de la estepa rusa por las arenas de los desiertos africanos. En ellas se mueve la ciudad de Axedra, una suerte de  Alejandría en el sentido que parece un crisol de culturas conviviendo bajo un mismo territorio. La peculiaridad de Axedra, o al menos la primera que se aprecia, es que es una ciudad que cambia de localización mediante unas patas mecánicas dignas del Dr. Loveless, que hacen que vaya moviéndose a lo largo del tiempo por el desierto, evitando así que sus enemigos puedan lanzar un ataque sabiendo donde encontrarla.


Pero hete aquí que los que acaban entrando en ella son dos miembros del Afrika Korps. Mientras intentan desertar, Onur y Helmut se acaban topando con un elefante mecánico y tres misteriosos personajes: Olegario, Sulmi e Inma. Los cinco van a ser los que lleven el peso de lo que suceda a posteriori. La peculiaridad de los dos primeros es que son autómatas. Y es que Axedra es tan multicultural, que conviven tanto personas de diferentes culturas y religiones (musulmanes, católicos y judios) como los propios seres humanos con los autómatas. De hecho, estos son los que parecen tener el papel administrativo y de gobierno en Axedra, dado que los hombres los han creado precisamente para ciertas tareas de responsabilidad que les liberen de la toma de decisiones peliagudas. Entre los autómatas destacan Sulmi, que hace las veces de cronista y narrador de la historia, Cripto, que es el que acaba dirigiendo el destino de Axedra por delegación, y Olegario.

A pesar de que hablamos de una ucronía, no dejo de captar retazos de rabiosa actualidad pese a que hablamos de una obra que tiene algunos años ya: el avance del nacionalismo populista no solo en Europa, sino en el mundo entero (ahí tenemos a Trump iniciando su andadura como Presidente de los EE.UU), en contraposición con la mezcolanza de razas; las trabas que se pone ante el ascenso de las mujeres a los puestos de mando; el mal uso por parte de los seres humanos de los descubrimientos y los avances de la ciencia. En fin, son temas universales que trufan el guion de Agrimbau y enriquecen la lectura, si es que se quiere ir más allá. Otro de los temas que aparecen como elemento principal es el del tiempo como algo cíclico. Los errores que estamos destinados a repetir con el paso de los siglos, se convierten en una nueva oportunidad para comenzar de cero y salvarlos llegado el momento.


Para terminar, destacar el consabido cuidado con que presentan sus ediciones los chicos de Grafito. Nos encontramos aquí con el habitual tomo de más de 100 páginas, encuadernado en rústica con solapas, y acompañado en esta ocasión de una lámina ilustrada por Fernando Baldó. Desierto de Metal es la primera obra editada por el sello valenciano que va íntegramente en blanco y negro, pero en los extras podemos ver cómo Baldó trabaja los fondos dándoles diferentes grados de opacidad para generar la profundidad buscada, o para darle más importancia a determinados personajes. En esos mismos extras, Agrimbau narra el viaje a Melilla que dio origen al posterior guion de esta obra, así como el método de trabajo con su compañero y alguna muestra del guion. En resumen, Desierto de Metal es como un regalo que al abrir el envoltorio te sorprende porque contiene mucho más de lo que te esperas, y y lo que hay está hecho con profesionalidad y buen hacer. ¿Se le podía haber pedido algo más? Puede, aunque no mucho. ¿Os va a defraudar? Para nada.