09 mayo 2015

SANDÍA PARA CENAR


Al ser día 9 toca reseña, la quinta del año tras Caballero Luna: De entre los muertos, Cinder & Ashe, Furia: Mis guerras perdidas y DC: The New Frontier. Esta vez he elegido una obra que compré y pude leer hace un tiempo (agosto pasado): Sandía para cenar, de Javi de Castro. La quiero retomar porque como dije desde el primer momento de comprometerme a hacer una reseña mensual, va a ser raro que alguna vaya a versar sobre novedades editoriales salidas del horno. Casi todos van a ser cómics que llevan un tiempo indeterminado en el mercado. Por eso y porque me gustó bastante claro. En Sandía para cenar nos encontramos con la primera obra larga de su autor, el talentoso leonés Javi de Castro, que hasta entonces había participado de proyectos muy interesantes como Ilustrofobia, amén de ser parte vital de fanzines como Oiga, mire o Agustín. A principios de 2014 recuerdo que ya se comentaba que estaba listo para salir este Sandía para cenar, mientras estaba currando en lo que ha sido su siguiente trabajo, La última aventura, con guión de Josep "Multitarea" Busquet.

Sin entrar en detalles que no se pueda leer en la propia contraportada del ejemplar, Sandía para cenar es la historia de un joven de 27 años llamado Rubén, que se encuentra en un momento incierto de su vida: se acaba de independizar de sus padres y empezar a vivir solo, la que era su novia parece que quiere volver a intentarlo y él no tiene muy claro lo que hacer, y en su trabajo anda entre el despiste y la desmotivación por lo que hace. Hasta ahí todo muy normal. Solo que pasada la introducción descubrimos que una sandía que su madre, preocupada por el agujero negro que hay en su nevera, le deja una tarde para que se la coma, acaba cobrando vida y convirtiendo la de Rubén en un calvario. Esa mezcla de costumbrismo y surrealismo es lo segundo que a uno le llama la atención antes de decidirse a comprarlo. Lo primero es el estilo propio de Javi de Castro, muy fresco y nada recargado. Quiero ponderar la expresión de los rostros de los personajes (incluída la sandía de nombre Santi) por encima de lo demás, sin dejar de lado otros elementos que destacan como el diseño de las páginas o el uso de los dos colores.

Contar una vida en la que muchos jóvenes de esa edad (aunque con 27 años alguno dirá que lo de independizarse también entra en el terreno de lo extraordinario), se puedan sentir identificados plenamente con lo que están leyendo, y después incluir el elemento surrealista con una sandía convertida en una especie de "nini" aprovechando la buena fe del protagonista, podría derivar en una historia con mensaje moralizante. Pero creo que su autor no busca eso, al menos no a propósito porque está claro que cada lector podrá extraer las conclusiones que quiera en función de su experiencia vital y demás. Hay gente que pensará que el desenlace busca que le demos un par de vueltas a la cabeza sobre aquello que deseamos y no tenemos, en vez de disfrutar de lo que sí está a nuestro alcance. Hay otros que tendrán otras teorías. Yo soy de los que piensa, y si estoy equivocado y Javi puede leer esta entrada le ruego me corrija, que la propia personalidad de Rubén es la que va guiando sus pasos hasta ese clímax que no os voy a desvelar por supuesto. Para averiguar qué sucede finalmente, tenéis que haceros con una copia de Sandía para cenar en la web de Thermozero Cómics clicando en este enlace, o hacer como yo y encargarlo en algunas de las tiendas en las que sí distribuyen su catálogo.